El nuevo Barcelona Supercomputing Center fue concebido a partir de una precisa simbiosis entre un edificio existente —las cocheras de Can Girona— y un volumen de nueva creación.
La idea se basó en crear un edificio que “ESTUVIERA” presente, pero que a la vez “COMPARTIERA” el lugar: un volumen que interactuara con el espacio público existente, oxigenándolo y vertebrándolo, y que potenciara todo el conjunto arquitectónico del emplazamiento sin renunciar al entorno paisajístico del lugar.