El proyecto apuesta por una máxima integración con el entorno urbano existente, manteniendo el muro preexistente como elemento identitario y de control de acceso, así como el edificio principal y el molino de agua, que se restaura e incorpora como hito dentro del jardín público.
La intervención ocupa la mínima superficie posible en planta baja para preservar la vegetación, las zonas de sombra y generar un espacio exterior ajardinado vinculado a la biblioteca. El resto del programa se sitúa en planta sótano, iluminada y ventilada mediante una secuencia de patios que introducen luz natural, visuales verdes y espacios de relación con los usuarios. Uno de estos patios será accesible y funcionará como zona de lectura exterior.
De este modo, el programa se concentra en solo dos plantas y se reduce al máximo el impacto volumétrico visible de la nueva biblioteca.