El proyecto se organiza a partir de una geometría hexagonal que permite agrupar los diferentes espacios de forma eficiente, generando a la vez patrones visuales y zonas exteriores verdes que aportan privacidad, calma y recogimiento.
Los espacios destinados a las familias —sala de espera, sala familiar, sala de despedida y sala de transferencia— se conectan entre sí y con una zona de ceremonia exterior íntima y protegida. El edificio se sitúa junto al muro del cementerio, en un entorno aislado y natural, reforzando la conexión con el recinto existente y preservando sus accesos principales.
La construcción se plantea con muros de tapia de tierra arcillosa, un material sostenible, de baja huella ambiental y con una elevada inercia térmica. Su presencia aporta calidez visual y táctil, evocando la atmósfera de una cripta o gruta contemporánea, donde la luz natural entra de forma controlada y se convierte en un elemento central de la experiencia interior.